Sierra de Urbión: Pico Urbión y escalada en la Laguna Negra

Por: Curro González, sobreescalada.com

Hay sitios que parecen permanecer intactos, y somos nosotros los que cambiamos, es en esos momentos en los que te das cuenta de que han pasado muchos años… aunque en tu cabeza siga pareciendo que fue «hace nada».

La primera vez que conocí la Laguna Negra fue de niño, en un campamento de verano.

Recuerdo la emoción al entrar en aquel bosque de pinos, el sonido del agua, las grandes paredes de roca que parecían inexpugnables y ese misterioso aire que siempre ha acompañado a este lugar de la Sierra de Urbión.

Mucho ha cambiado el entorno del lugar desde entonces, un gran parking de acceso, prohibiciones de baños y regulaciones, pasarelas y puentes colgantes… pero el aura continua igual.

Cuando eres pequeño, además, el tiempo funciona de una manera muy curiosa.

Un verano parece durar una eternidad y una semana se hace interminable.

En aquel momento era incapaz de imaginar cómo sería mi vida de adulto y, desde luego, jamás habría pensado que algún día volvería a este mismo lugar acompañado de mi hijo.

Y, sin embargo, aquí estamos.

Esta vez la aventura ha sido distinta, pero igual de emocionante.

Curro escalando el último largo de la vía Inma. Foto: H. González

Hemos corrido, hemos escalado por las paredes de roca que rodean la laguna y hemos continuado el ascenso hasta el Pico Urbión, el techo de la provincia de Soria con sus 2.228 metros.

De allí nacen las aguas del río Duero, uno de los grandes ríos de la península, y desde la cumbre las vistas de la Sierra de Urbión y de los valles que la rodean hacen que cada paso del esfuerzo esté justificado.

Un río que junto a Oli tuve la suerte de navegar y escalar en los farallones rocosos de sus orillas.

Reseña de la ruta. Fuente: Escaladaensoria

Lo que hace años fue el escenario de las aventuras de un niño, hoy es el lugar donde otro niño empieza a construir las suyas. Al ver la ilusión en sus ojos al descubrir estos paisajes compruebo que algunos recuerdos no solo se guardan, también se transmiten.

Con el tiempo, te das cuenta que el tiempo juega en tu contra. De niño avanzas con desesperante lentitud, de adulto parece que acelera sin preguntar.

De pronto, los años se transforman en meses, y los meses en fines de semana que se van demasiado rápido. Pero también aprendes que el tiempo no sólo se mide por lo que marca el reloj, sino por los recuerdos que va dejando a su paso.

H y C en la cumbre del Pico Urbión.

Me siento profundamente afortunado de poder vivir esa historia. De mirar atrás y recordar con cariño al niño que por primera vez descubrió este mágico rincón de la naturaleza.

Disfrutar del presente viviendo aventuras con mi hijo. Y, sobre todo, de mirar al futuro con la ilusión de saber que todavía nos quedan muchas montañas, muchos caminos y muchísimas historias por escribir juntos.

Porque quizás ese sea el auténtico regalo del tiempo: recordar el pasado con una sonrisa, vivir el presente con intensidad y aguardar un futuro que, si todo marcha bien, rebosará de recuerdos nuevos.

Y quién sabe… puede que dentro de otros treinta años sea él el que vuelva a la Laguna Negra con sus propios hijos, mientras el bosque, la laguna y el Pico Urbión siguen ahí, recordándonos que la naturaleza tiene una forma muy especial de medir el tiempo.



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