Por: Curro González, sobreescalada.com
Normalmente el verano lo dedico para desconectar, el calor sofocante, la multitud y el malestar que me producen éstos largos meses en donde todo el mundo se apresura a realizar «la actividad del año», son motivantes para que quiera desaparecer.
Tan sólo es un recuerdo ya, la ilusión que me producía la llegada de éstas fechas en el pasado, sinónimo de mi partida durante largos meses a lugares queridos y lejanos.

Pese a todo, parece que poco a poco se va implantando una rutina anual en éste periodo estival, que me aporta felicidad e ilusión: unos días de desconexión en lugares despoblados y solitarios, en compañía de H y con visita final a Miguel y María.
De ésta manera y por tercer año consecutivo, H y yo preparamos el material necesario para realizar nuestra pequeña aventura.
Si quieres saber más sobre nuestras actividades:
Riaño
La Peña las Pintas ostenta el glamuroso honor de ser la montaña más bonita de la serranía de Riaño (León).
Cualquier conocedor de la zona sabe la dificultad que acarrea elegir una montaña entre tanta espectacularidad paisajística, así que al leer lo anteriormente citado, inmediatamente me entró la curiosidad.

Tras investigar la zona más a fondo (aunque he estado escalando en el Gilbo varias veces y navegando con el kayak en el embalse de Riaño, no soy un gran conocedor del lugar) pronto me percaté de que a Las Pintas se podía ascender escalando, sin duda un aliciente más.
Así que empleé la lógica aplastante de la circunferencia, con epicentro en Las Pintas, para planificar nuestra pequeña aventura.
Tan sólo había que salvar una considerable distancia, que solventamos con nuestras bicicletas de montaña; un vertical y austero terreno hasta la cumbre de la montaña, en donde emplearíamos técnicas y material de escalada; y un largo trecho de agua, terreno perfecto para nuestros Packrafts.

El Bisonte
Éste año no ando muy pletórico, así que intenté optar por la filosofía «be water» durante éstos días de actividad; pero finalmente tal y como os contaré, no lo conseguí.
Partimos tarde de la localidad de Salamón, primero por una angosta carretera hasta Lois (bonito y curioso emplazamiento) y más tarde por una cómoda pista de tierra dirección Liegos.
Transportar en nuestras bicicletas todo el material para pasar unos días de actividad variada, es complicado. El Packing se vuelve un tanto engorroso aún con el material ultraligero, el volúmen del mismo es muy palpable desde el exterior en nuestras pesadas, pese a todo, bicicletas.


Nos anima que el día de hoy es corto, la distancia que recorreremos no va más allá de los 20 km, aunque encontramos algún largo repecho en donde ponemos el pie al suelo.
Pronto nos desviamos hacia nuestro destino, el valle de Anciles.
A medida que nos adentramos en el espectacular lugar, una acongojante sensación nos invade, el bucólico paisaje guarda un secreto: Los Bisontes salvajes.

H se precipita rápidamente por la empinada pista hacia el fondo del valle, la posibilidad de encontrar o visualizar a semejante rareza animal en nuestra península, es motivo más que suficiente para que no guarde reparo en abandonar a su suerte a su compañero de aventura.
Yo por contra, desciendo disfrutando del paisaje, totalmente escéptico a la remota posibilidad de encontrar un Bisonte en nuestra salida.
Cuando la pista de tierra llega casi a su final (en las orillas del embalse de Riaño), nos desviamos hacia el interior de lo que perfectamente podría ser, el escenario de un film de Spielberg.

Una robusta y alta valla metálica nos ha acompañado todo éste largo descenso, adornada de tanto en tanto con unos carteles de advertencia, alimenta el acongojo y el interés por saber qué tesoro se guarda tras ella.
El cartel es bastante explícito: » Animales salvajes peligrosos, entra usted bajo su responsabilidad».
Abrimos la siniestra puerta metálica y continuamos el ascenso por la pista de tierra, H con su ilusión desbocada y yo, con el mismo escepticismo.
Pero nuestra situación cambió drásticamente para ambos cuando en las orillas del embalse localicé a un Bisonte macho, H cambió la ilusión por temor y yo el escepticismo por perplejidad.
Realmente no daba crédito, no sólo era un Bisonte, si no que era la especie americana (la europea es mucho más pequeña). El macho era espectacularmente enorme, durante unos instantes cruzamos miradas, él continuó comiendo y nosotros continuamos en silencio hacia nuestro destino.

Peña las Pintas
La noche no fue especialmente buena, la idea originaria de dormir en la cabaña de madera existente se vino al traste al visitar ésta, imposible utilizarla: tanto por la suciedad, como por la precariedad de la misma.
Así que tuvimos que dormir al raso junto a ella, un hecho que nos exponía en gran medida.

Arropados con nuestros sacos de dormir y nuestra ingenua creencia de que el Bisonte no ascendería por el empinado terreno en el que nos encontrábamos, despertamos envueltos en una espesa y fría niebla.
Hoy habíamos quedado con Miguel para escalar en Las Pintas, él ascendería desde la localidad de Salamón, y nosotros desde el valle de Anciles.
Afortunadamente Miguel llevaría consigo todo el material necesario para realizar la escalada, de esta forma no añadimos peso extra a nuestro abultado equipaje.

Unos metros antes de alcanzar el marcado collado existente en las inmediaciones de la cara norte de la peña, las nubes se disiparon, dejando un soleado y limpio día con un espectacular mar de nubes.
Yacía frente a nosotros la impresionante cara norte de la Peñas Las Pintas, un enorme bastión rocoso que desde la lejanía se muestra infranqueable, con el marcado y rudo carácter de las grandes paredes de los Picos de Europa.

El espolón norte es una larga y bonita actividad de escalada que para nada deberemos subestimar, pese a no encontrar grandes dificultades, es una ruta con todos los alicientes de una gran course.
Su escaso o nulo equipamiento y su larga arista cimera, no nos dejarán bajar la guardia en ningún momento, y el descenso (pese a no encontrar ninguna dificultad reseñable) nos hará emplear a fondo nuestro sentido de la orientación.
Una actividad muy completa y recomendable (con un marcado sabor a aventura) que nos depositará en el mismo vértice geodésico de las Pintas.

El hombre del mono azul
La noche fue mucho mejor, sin duda el cansancio de la actividad de escalada actuó como un potente somnífero, poco nos importó que anduviera el Bisonte por éstos lares.
Tras un breve desayuno y alguna que otra temblequera, nos dirigimos hacia las orillas del embalse de Riaño, hoy navegaríamos con nuestros Packrafts con la intención de completar ese imaginario círculo que nos habíamos planteado en la actividad.
En plena faena de organización, apareció frente a nosotros una pequeña embarcación a motor, la tripulación consistía en una sóla persona. Un Vaquero ataviado con su mono de trabajo, se acercaba desde Riaño, hasta las orillas del valle de Anciles.

Al sorprendernos en el agua, se aproximó hacia nosotros para entablar conversación y saciar el inminente instinto de curiosidad, sus primeras palabras fueron concisas:
– ¿Habéis dormido aquí?
– Si
– ¿Y no os da miedo el Bisonte?
Tras intercambiar información (él sobre el Bisonte y nosotros sobre la ubicación de sus vacas) abandonamos el lugar con una idea clara: el bicho tiene muy mala leche…

