Tres días de Esquí

Por: Curro González, sobreescalada.com

Qué sencillo es ser feliz y qué bien nos sienta sonreir, tan solo debía llegar el efímero manto blanco para cubrirlo todo y cortar nuestra piel, el gélido viento del norte. Con tan solo esto, Oli y yo (y casi todos los amigos que conocemos), despertamos nuestro más ancestro y primitivo sentimiento de libertad que nos arranca de un “plumazo” cualquier malestar que nos pudiera atormentar.

Puerto de Canencia

Tan solo lleva nevando un día y las montañas cercanas a casa se han teñido del tan deseado color blanco, y no solamente es apariencia, el tomo de agua helada es lo suficientemente abundante como para hacernos retroceder en nuestro intento de correr por las pistas forestales del la zona y descender alocadamente de nuevo a nuestro hogar para recoger las tablas de esquí.

Sabemos sobradamente que no hay base suficiente para realizar “grandes” descensos, pero nos conformamos a estas alturas, en realizar un agradable recorrido por los amplios caminos de tierra que bordean de diferente manera las laderas boscosas de las montañas que nos rodean.

El paisaje se ha transformado drásticamente, hace frío y en nuestro interior se ha instalado una absurda felicidad que nos arranca una sonrisa cada vez que nos miramos Oli y yo. No somos los únicos en disfrutar del manto blanco, Po corre alocadamente entre los árboles que forman este frondoso bosque y las diferentes inclinaciones del terreno, que en ocasiones hacen descender al alborotado cánido dando tumbos.

Es el momento y el terreno perfecto para estrenar mis esquís de Backcountry, la sensación de libertad que me aporta el empleo de este ligerísimo equipo me incrementa más la sensación de felicidad, y sin duda se augura interesantes actividades empleando estos nuevos esquís.

Puerto de Navafría

Tras estos días de fiestas confinadas, hordas de personas han visitado los diferentes puntos “comerciales” típicos de nieve. Al estado habitual de crispamiento social, se le han añadido unos bares más de presión y el resultado final está siendo literalmente catastrófico.

No hubo rincón en la Sierra de Guadarrama que no haya sido expoliado literalmente por la estancia frenética de miles de Madrileños sedientos de romper la dura monotonía vivida en la gran urbe, extendida también en esta especial ocasión, a los pocos días disponibles por la gran mayoría para el ocio.

Entre todo esto estamos los de “siempre”, los que cada día intentamos estar en los parajes solitarios (cada vez menos) de los alrededores de las moradas que habitamos y que nos aportan paz y tranquilidad, los que vemos y presenciamos el paso del tiempo y la agresión humana en el medio, pues la gran mayoría de nosotros somos grandes conocedores de las diferentes zonas, tanto, que somos capaces de percibir la erosión de un camino antes apenas frecuentado, la falta de una rama de un árbol que “molestaba” al transitar o incluso el movimiento de algunas piedras características de las sendas.

Con todo esto no hemos tenido otra opción que modificar nuestra forma de hacer las cosas e ir a contracorriente del tumulto ocasional, para poder optar por algo de tranquilidad en nuestras actividades y lugares queridos.

Comenzamos a esquiar Oli y yo a las 14:30 h, el Puerto estaba prácticamente desierto, los diferentes merodeadores ocasionales de la zona ya se ocupaban de otros quehaceres (los restaurantes del pueblo de Lozoya estaban abarrotados). El lugar estaba espectacular, es increíble la cantidad de nieve que se ha acumulado en los últimos días.

Una vez más nos encontramos en la reconfortable soledad y amparados por el abrigo del maravilloso bosque que envuelve la pista de fondo por la que transitamos. Me deslizo con mis esquís de Backcountry, si el terreno del otro día era propicio para ello, el de hoy te incita a realizar miles de kilómetros.

Progresamos hacia el Pico Nevero de nuevo plenos de felicidad, se vaticina un descenso épico por el bosque. Cuando llega el momento Oli lo aprovecha de veras, yo como puedo (la ligereza extrema pasa factura en inclinaciones moderadas y nieve virgen).

Con las últimas luces llegamos de nuevo al lugar de partida, el frío es intenso y nieva, estamos solos.

Puerto de Cotos

En esta ocasión hemos madrugado, poco, pero hemos llegado por la mañana más o menos temprano. Nos hemos confiado al encontrarnos en un día laboral, pero este lugar ya no guarda ninguna lógica, los coches empiezan a rebosar en el parking.

He decidido desempolvar los hermanos mayores de los esquís de Backcountry y ascendemos a través de una espesa niebla sin un rumbo fijo. A media altura del ascenso a Dos Hermanas lo vemos claro, no tiene lógica alguna seguir ganando altura, la niebla de momento no abrirá.

Como buenos conocedores de la zona, Miguel y yo tenemos claro cual será el plan a seguir durante el resto del día. Descenderemos y ascenderemos por el bosque hasta que nos cansemos o nos aburramos, algo que tras cinco ocasiones sucede.

Una vez más la nieve estaba espectacular, el día poco a poco va abriendo y nos muestra el tesoro que ha ido escondiendo durante las última semana, la Sierra de Guadarrama está deslumbrante.

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