Contrafuerte derecho del Perdiguera, escaladas con H

Por: Curro González, sobreescalada.com

Llevaba ya tiempo queriendo compartir con H algunos momentos en la montaña, alejados de ruidos, aglomeraciones y lugares sobradamente conocidos.

Así que nos embarcamos en una actividad de exploración, pues nunca antes habíamos estado en el lugar elegido y nunca antes nadie había escalado en las rocas visitadas (o al menos eso creo). Dirigímos nuestras miradas a un lugar cercano, las inmediaciones de Miraflores de la Sierra.

Allí se encuentra un sistema montañoso que he visitado en alguna ocasión corriendo por la montaña, pero que nunca antes había observado con intención de escalar. Se trata del cordal que une el pico de la Pala, el Perdiguera y el Puerto de Canencia.

En el mirador

Lo primero de todo, como en toda buena exploración, es dedicar tiempo a la recopilación de información. Hoy en día resulta bastante sencillo imaginar líneas y aproximaciones con Google Earth, sólo hay que echar horas delante de la “caja tonta” para visualizar multitud de proyectos y descubrir los secretos guardados de las montañas.

Pero no siempre las actividades salen como deseamos (que me lo digan a mi…) y en ocasiones regresamos sin poder haber realizado la actividad o realizándola de un modo totalmente diferente a lo planeado. Estas sensaciones vividas son las que te van llenando poco a poco, las que hacen que al levantar no te sientas vacío por dentro, las que, sí se viven con intensidad forjan el carácter de una persona.

H como cualquier otro niño de 7 años observa y absorbe todo lo que le rodea, en ocasiones de una manera consciente, en otras muchas, de una forma inconsciente. Nunca terminamos de forjar nuestro carácter, eso está claro, pero pienso que la niñez es una etapa clave para encaminar nuestros pasos.

H feliz en la segunda tentativa

Como he comentado en muchas ocasiones no tengo muchas pretensiones con H, simplemente me conformo con que sea feliz y buena persona. No aspiro a que realice mis sueños truncados, ni que tenga una vida mejor que la mía, ni más dinero, etc. Será lo que quiera ser o lo que tenga que ser.

Eso no quita, evidentemente, que en ocasiones realice actos que se escapen de mis parámetros normales de ética, moral y conducta (no por ello verdaderamente correctos, pero que le voy a hacer, nadie me dió un manual de instrucciones) y tenga que ejercer mi autoridad.

Pero me gusta que aprenda por sí solo, sin darse cuenta de lo realmente aprendido, dejando una sutil huella para ir construyendo poco a poco.

Los dos días que anduvimos por aquellos parajes fueron una mezcla de emociones y sensaciones que nos depararon a ambos un bonito recuerdo. Y que me permitieron ser espectador de algunos pequeños matices de la personalidad de H, que él de momento desconoce, pero que afloraron durante la actividad.

El vivac

Activa, Tenaz, Hábil

La primera parte del día fue una “palmada”, comenzó ya mal cuando me confundía de carretera para realizar la aproximación. Menos mal que al poco tiempo retomamos el rumbo y pudímos dejar el coche en el lugar elegido.

En esta ocasión íbamos solamente con el material de escalar puesto que habíamos visto que con un día era suficiente para acercarnos por aquellos roquedos y escalar. Pero como ya os he comentado anteriormente, no siempre los planes salen según lo elegido, y al poco tiempo nos desviamos del marcado camino para adentrarnos en un tupido y empinado bosque.

Al rato la progresión se tornó penosa, entre grandes y frondosos helechos (plantas de los dinosaurios), piornos, zarzas y brezos. Lo que en un principio aparentaba ser una “sencilla” aproximación desde la “caja tonta”, se convirtió en una trampa.

Yo miraba a H, la vegetación en ocasiones me llegaba por la cintura, lo que equivale a casi la cabeza del pequeño. A esto se le sumaba lo empinado del terreno, vamos un magnífico lugar.

El comienzo de la escalada

Firme, Persistente, Emocional

Cuando finalmente abandonamos el bosque, a poco más de media hora de las rocas, ví a H en verdaderos apuros para progresar. Así que decidimos descender, pero esta vez lo intentaríamos por el otro margen del bosque.

Esto desató en H una avalancha de emociones que no pudo contener (era la primera vez que nos teníamos que dar la vuelta y no hacer nada de lo previsto), lo que se tradujo en un verdadero berrinche alimentado por la frustración de no poder escalar y el terreno que cada vez se complicaba más.

Tras calmarnos ámbos (de buena gana hubiera dado dos saltos y le hubiera abandonado a su suerte) resurgió de nuevo el amor entre Padre e Hijo y pudimos llegar al camino que anteriormente abandonamos, eso sí, mucho más arriba.

Esto nos permitió ver otra zona de la montaña oculta hasta el momento, que no tenía mala pinta. Había agua corriendo por un torrente, la aproximación era infinitamente más cómoda que la anterior y existía una cómoda pradera con un mirador natural excelente al valle de Bustarviejo y Miraflores que incitaba a vivaquear.

Cuando le dije todo esto a H su reacción no se hizo esperar: ¿ Por qué no venimos esta tarde y escalamos?

Primero llegaríamos a casa de nuevo y lo veríamos.

Anochece en el mirador

Decidida, Adaptable, Ambiciosa

Tras comer, la tarde se echaba encima nuestra y una agradable comodidad se aferraba poco a poco a mi. Parecía ya quedar lejos la experiencia vivida por la mañana y en mi mente se iban disipando las posibilidades de retornar de nuevo hacia la montaña.

Pero una vez más ahí estuvo H para recordarme que teníamos una cuenta pendiente (me sorprendió mucho las ganas que tenía de regresar para escalar). Una idea que tras espabilarme, me motivó, ya que así podría ir probando el material adquirido hace poco.

Preparamos todo lo necesario para pasar noche y partimos.

Resultó agradable poder realizar la aproximación por un camino marcado y sencillo, éste al poco, nos dejó en un idílico lugar para vivaquear y a escaso tiempo de aproximación de las paredes.

Era el primer vivac de H, así que estaba nervioso y emocionado. El lugar no era cien por cien cómodo, pero más que suficiente para pasar una agradable noche.

Dentro del toldo

La escalada

Despertamos pronto, pues había riesgo de tormentas desde muy temprano, un hecho que habíamos planificado minuciosamente.

Una vez más la aproximación, aunque corta, nos iba a poner a prueba. Más pinchos, matas y barrancos. Medio a caballito, medio equilibrista H llegó sano y salvo (más o menos) hasta pie de vía. Ya nadie nos podía detener !!!

La escalada resultó ser más sencilla de lo previsto, H iba al galope, pero por contra nos deparó unas vistas espectaculares y un buen día de aprendizaje.

1.- La zona elegida
La aproximación y el descenso
La ruta de escalada

Con todo calculado fríamente el descenso fue según lo previsto y pudimos regresar al punto de origen sin más contratiempos. Nuestro nuevo amigo peludo ya tiene vía de escalada !!

Una vez estudiado todo el potencial de la zona, H y yo hemos decidido que regresaremos. Esta vez con todo planificado y “atado”, para que todo salga como lo previsto, a otras zonas colindantes.

Y es que, en ocasiones, es importante ser una persona planificada.

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