Escalada en Solitario, la Cabrera. 18 los ojos que te ven.

La primera vez que escalé en solitario tenía entre 18 y 19 años. No llevaba mucho tiempo practicando este deporte en “modo seguro“, pero me llamaba mucho la atención el poder escalar en total soledad y tener que ser autosuficiente para poder llevar a buen puerto la actividad en la que estuvieras aventurado, así que sin pensar me puse con ello.

Fue en la Pedriza, dónde si no, allí aprendí a escalar y era donde me sentía más seguro para acometer este tipo de “hazañas” y pese a que ya había escalado duras y míticas vías de alpinismo en Alpes, mi experiencia en escalada en roca no era muy extensa.

Mi compañero de estas actividades por Alpes fue el que me plasmó a lapicero en un papel caqui cuadriculado, paso a paso, lo que debería hacer. Y yo como buen estudiante en estas materias y no en tantas otras, me “empollé” y memoricé al dedillo. Más me valía si quería no tener problemas serios.

Antes el boca a boca, las enseñanzas exprés, la información compartida, los libros, las horas y las ganas infinitas, un buen cúmulo de buena suerte, etc, eran los maestros de los neófitos escaladores analfabetos como era yo. Y así aprendía a escalar en roca, en hielo, a esquiar…

En el último largo. Gracias desconocido por la foto !
En el último largo. Gracias desconocido por la foto !

El lugar elegido en la Pedriza fueron las Placas del Halcón y la vía de escalada, los 5 largos de “Feliz aniversario V+“.

Así que me levanté pronto, fui en metro hasta la parada del autobús, me bajé en Manzanares el Real, caminé hasta el Tranco e hice la aproximación hasta pie de vía. Llevaba mi mochila “Serval” azul, todo el material para escalar, algunos libros y mi carpeta para ir directamente al terminar a “estudiar“. Iba a nocturno y aunque a sabiendas de que no llegaría, tenía que hacer testimonio en casa para no levantar sospechas. Por mi parte, estos y no otros, eran los estudios que quería aprender y no había cabida para nada más.

La escalada fue realmente agotadora, muy larga, la falta de pericia hacía que el tiempo se dilatara hasta el más allá, bueno eso y que escalaba con dos cuerdas (en doble), unos 500ºC al sol y unos pies de gato “Solo Climbing” con una goma cocida que resbalaban más que un jabón. Iba unido a cada una de las cuerdas con unos nudos “prusik” que serían los encargados de detenerme en caso de caída. Tenía que calcular la distancia entre los seguros para darme la suficiente cuerda para llegar de uno a otro, difícil tarea ya que siempre me quedaba corto al no querer darme de más y tener mayor distancia de caída.

Pero lo hice, llegué a casa “roto” por el cansancio y la tensión pero repleto de ganas e ilusión por continuar con mis escaladas en solitario.

Han pasado los años, muchos diría yo, y he ido probando diferentes sistemas a medida que evolucionaba como escalador. De los “prusik” pasé al “Gri-gri modificado” y más tarde al “Soloist“. Sistema que me gusta mucho y que me ha convencido definitivamente para no probar más.

En la primera reunión

Hacía bastante tiempo que no utilizaba el “Soloist“, de hecho he tenido que consultar la ficha del fabricante para repasar el funcionamiento del mecanismo. Las últimas veces que he escalado en “solo” iba sin cuerda y no lo utilizaba. Ahora me parece más un mamotreto y demasiada parafernalia desplegar tantos medios para escalar, cuando lo que busco realmente es libertad.

Pero la vía de hoy no me atrevo a escalarla en “solo integral“, al menos de momento, y he optado por este método menos arriesgado y llamativo que igualmente me ha deparado disfrute y satisfacción.

18 los ojos que te ven” es una vía que aún da respeto. Consta de tres largos de cuerda, el primero de ellos, el más difícil, corto. Un paso de 6c a bloque que te pone en tú sitio si entras despistado. El segundo largo, el largo estrella, es de nuevo 6c. Una fisura-bavaresa que se deja equipar bien pero que en vez en cuando saca las garras con pasos “tontos” y en ocasiones expuestos. El último de ellos baja de dificultad pero no de exposición. Para mí, una de las vías de escalada indispensable de la zona centro.

En blanco el recorrido de la “18 los ojos que te ven”

Esta actividad también me ha servido para recordar, retomar sensaciones, tener más seguridad, pero sobre todo me ha servido para dar pie a una idea que lleva tiempo rondando mi cabeza: Yosemite.

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