
Por: Curro González, sobreescalada.com
Ha transcurrido mucho tiempo, más del deseado, desde que comenzamos Óscar Nieto y yo esta actividad de completar tres únicas líneas de escalada en el Puig Campana.
Como todos los nuevos sueños e ilusiones lo tomamos con ganas, adentrándonos con mucha precaución y cautela, en un mundo que parece paralelo al nuevo estilo y ética que se impone en las grandes paredes en los últimos tiempos.
Pudimos escalar dos imponentes líneas que nos dejaron maravillados y sorprendidos, pero cuando por fin parecía que se acercaba el momento de terminar este divertido juego de coleccionismo, los avatares de la vida cambiaron, las reglas del juego fueron diferentes y las inexcusables prioridades eclipsaron cualquier atisbo de intención de finalizar por fin el suculento sueño.
Cuatro años han tenido que transcurrir desde el inicio y el final, pero por fin os puedo relatar la última de nuestras escaladas en el Puig Campana.

Cuando incentivado por un artículo escrito en la revista Desnivel (por José M. Anaya), decidí realizar a modo de trilogía, las vías de escalada abiertas en el Puig Campana por Javi Mercury con diferentes compañeros, no sabía muy bien que me iba a encontrar.
Tras escalar dos de ellas (You were younger y Virgo), Óscar Nieto y el que suscribe, pudimos comprobar el aura y la imponente calidad que envolvía la escalada.
Dos momentos de Óscar, en el primer largo y en la salida de la ventana rocosa. Fotos: C. González


Cuando algo se me mete en la cabeza, es más sencillo sacarme la cabeza que la idea.
Y cuando eso sucede, ya está todo decidido, a pesar de que todavía trate de persuadirme de que no es el momento.
Porque no lo era. Había pasado cuatro meses sin escalar, un periodo que se percibe más en la forma de posicionarse bajo la pared, en cómo miras hacia arriba y en esa pequeña distancia que surge entre lo que sabes que has hecho y lo que sientes capaz de hacer ahora, más que en los brazos.
Todo se torna ligeramente más lento y más incierto, como si el cuerpo recordara pero la mente no pudiera alcanzarlo.
Y aun así, no podía permitir que se escapara la oportunidad.
La pared permanecía inalterable, indiferente a todo aquello.
Y es en ese contraste donde todo se sitúa: tú, fuera de lugar; ella, justo donde siempre. No es posible negociar. Lo único que queda es aceptar la distancia y comenzar a moverte dentro de ella.
Sin temor, porque lo que me atemorizaba ya ocurrió… aunque tampoco era de eso.
No había ningún obstáculo que superar ni ninguna deuda sin pagar. Era más bien una manera de asumir que no todo tiene que resolverse, que no todo tiene que salir.
Y a partir de ahí, la escalada se convierte en otra cosa. Menos concluyente, pero más auténtica.
Así, iba avanzando, a veces incómodo, a veces asombrado al descubrir gestos que aún persistían, como si nunca se hubieran marchado del todo.
No era mi versión óptima, pero tampoco era necesaria. Porque lo fundamental no era cómo saliera, sino no haberlo dejado pasar.
Y en este avance un tanto irregular, comprendí que esto no se trataba de cerrar nada en realidad. Ni sobre terminar una trilogía, ni sobre dar un cierre definitivo a algo que siempre ha sido incierto.
En realidad ha sido una forma de regresar constantemente al mismo lugar, con diferentes versiones de uno mismo, para observar qué permanece, qué se transforma y qué se mantiene igual.
No siento que haya un cierre, aunque esto ya se acabó (o al menos voy a dejarlo de escribirlo). Prefiero no forzar una conclusión que no se ajusta, y mantenerlo abierto.
Y quizás eso era todo.
Nos quedamos con lo vivido y con todo aquello que se fue quedando sin hacer ruido.
Continuaremos por ahí, donde sea.


El aspecto de la cordada que teníamos enfrente no dejaba lugar a las dudas. Al igual que nosotros, estaban aquí con la intención de abrir una nueva ruta. De los costados de aquelloshombres colgaban abundantes racimos de empotradores, grandes manojos de friends, numerosos clavos y lo más determinante: un reluciente taladro. Conocíamos sobradamente a aquellos codiciosos escaladores, competentes y buenos conocedores de la zona y mi olfato de sabueso me decía que nuestros objetivos eran muy parecidos. Me preguntaba cuántas veces se habría repetido esta escena en el pasado. Los correspondientes apretones de manos dieron paso a una larga conversación de besugos, en la que todos intentábamos averiguar las cartas del otro jugador sin desvelar el As de nuestra manga.
-Nosotros no tenemos muy claro donde vamos. ¿Y vosotros?-
-No, vamos a mirar como está la cosa y ya veremos¦Además no llevamos casi material-
-Pues estamos pensando en ir a la cara norte que me han dicho que hay unas agujas muy majas-
– Sí¦eso¦la cara note mola mogollón¦Es el futuro-
Comenzamos la subida hacia la cara oeste intentando disimular nuestro ritmo frenético y nos introdujimos en terreno desconocido por canales repletos de zarzas hasta darnos de morros con un muro de unos 20 m que nos cerró el camino. Tras escalarlo, no sin complicaciones, avistamos La Agulla de la ungla de la Rabossa, una de las numerosas torres que aún esperan el paso de escaladores con imaginación, dispuestos a compartir la ascensión con los espinos. Ambas cordadas estábamos dispuestas a mancillar los imponentes muros de esta aguja y a todos nos invadía el temor de haber escogido la misma línea de subida. Alcanzamos su base antes que nuestros amigos y pudimos escoger libremente el trazado de nuestra ruta. La roca era excepcionalmente compacta y tan solo un par de fisuras paralelas a modo de tubos de órgano ofrecían un paso natural. La escalada de estas fisuras resultó ser magnífica aunque trabajosa. Tras un par de horas escuchamos el inconfundible sonido de un taladro en la cima de la aguja, que había sido alcanzada por la otra vertiente en un tiempo récord.
Aquella carreraquedó en una divertida anécdota y días después volvimos a la pared con intención de continuar la ruta conectando varias agujas. El resultado fue realmente sorprendente y nos encontramos con un trazado muy diferente a las habituales vías de quinto grado de la cara oeste. Roca excelente, poca vegetación y gran número de tiradas con dificultades entre 6b+ y 7a+. Decidimos unánimemente equipar con parabolts las secciones más expuestas de la ruta con el fin de facilitar su repetición y así lo hicimos. El resultado fue Borderline, 600 m, 7a+ (6b+ obl). Espero que la disfrutéis.
Javier Martín «Mercuri». Blogs Desnivel
DATOS DE LA RUTA
Os dejo lo que bajo mi punto de vista, es una muy buena información para realizar la ruta, el track de aproximación y sobre todo el de descenso (normalmente lo haremos con poca luz o de noche).
Como algo peculiar, aprovechamos para ascender hasta la cumbre del Puig Campana, algo que pese a todos estos años visitando la zona nunca había hecho.



