Packrafting Tara river, Montenegro. El cañón más largo de Europa.

Por: Curro González, sobreescalada.com


Agua

Calma, fluidez y confianza.


Un año y 7 tornillos, nada concluyente para el lector, datos importantes para el que suscribe.

Un año ha transcurrido desde que regresamos de nuestro viaje de Packraft en el río Soca, en Eslovenia. Un tiempo de aguas muy revueltas, con constantes cambios, que poco a poco me han ido dirigiendo hacia la vida que llevo en la actualidad (ni mejor, ni peor que la de antes, si no diferente) y a la oportunidad de realizar un viaje que para nada estaba en mi mente.

El tiempo hace estragos (nos hace viejos), pero tiene una virtud, todo lo que nos parece importante (importantísimo) se convierte en una anécdota, un olvido.

Una de las orillas del río Tara. Foto: C. González

7 tornillos, que son el resultado de la operación de la malograda pierna de Sergi al sufrir un accidente realizando un Scouting en un tramo de río. Un accidente, que ocurrió pocas horas antes de nuestro vuelo y que sin duda, embrolló toda la planificación previa y fue un duro golpe para nuestro ánimo.

El Tara ( Ријека Тара o Riyeka Tara) es un afluente de Montenegro que con el río Piva forman el afluente Drina, por lo que es un sub-afluente del Danubio, por el Save. El Tara recorre Montenegro y Bosnia y Herzegovina. Emerge de la confluencia de los ríos Opasnica y Veruša en los montes Prokletije, parte de los Alpes Dináricos de Montenegro. La longitud total es de 144 km, de los que 110 km están en Montenegro, mientras que los últimos 34 km están en Bosnia y Herzegovina; también forma la frontera entre los dos países en varios lugares. El Tara corre de sur a norte -noroeste y converge con el Piva en la frontera de Bosnia y Herzegovina y Montenegro entre los pueblos de Šćepan Polje (Montenegro) y Hum (Bosnia y Herzegovina) para formar el río Drina.

El río Tara corta la garganta del río Tara, el más largo cañón en Montenegro y Europa y el segundo más largo del mundo, después del Gran Cañón del Colorado, con 78 kilómetros de longitud y 1.300 metros en su punto más profundo. El cañón está protegido como un lugar perteneciente al Patrimonio de la Humanidad, y es parte del Parque Nacional Durmitor.

El gobierno bosnio y el montenegrino tenían planes para inundar la garganta del Tara, con la construcción de un embalse hidroeléctrico en el río Drina. Sin embargo, abaldonaron este plan en abril del año 2005 después de varias protestas en favor de la conservación del cañón. Pero, en septiembre de 2006, un protocolo para la cooperación entre la compañía eslovena Petrol y la compañía montenegrina «Montenegro-bonus» fue firmado, y la construcción de una central hidroeléctrica con una potencia inicial de 40 o 60 megavatios está planeada, a pesar de todos los esfuerzos por salvar la garganta.

El río Piva antes de mezclarse con el Tara. Foto: C. González

Dubrovnik (Ragusa)

Estaba bien avanzada la noche cuando por fín, nos reencontramos en el aeropuerto de Dubrovnik (Croacia), Carlos, Nico, Miguel y yo. Una vez más nuestros planes se vieron truncados por los retrasos de nuestros vuelos, así que no podríamos ir a visitar esa misma tarde a Sergi al hospital.

Al menos, Sergi había estado todo el día realizando las labores de Centro de Control desde su habitación compartida en el hospital croata (es lo que tiene dejar encerrado a un combustión espontánea), y tras unas llamadas, ya teníamos transporte a la ciudad y alojamiento.

Las secciones del río Tara. Foto: C. González

Dubrovnik (Ragusa) es una ciudad del sur de Croacia frente al mar Adriático. Es conocida por su característica y espectacular Ciudad Antigua, rodeada de enormes murallas de piedra, empinadas y retorcidas calles, y su pulido pavimento a base de roca Caliza.

Os engañaría si os dijera que por la noche ésta ciudad no es espectacular, la iluminación resalta los blancos muros de caliza y los angostos callejones que forman algunas de sus callejas, te transportan a tiempos del Imperio Otomano (Ragusa firmó con el sultán del Imperio otomano un tratado de alianza y protección, el primero establecido entre un país musulmán y un Estado cristiano. Gracias a este acuerdo, Ragusa fue respetada por la invasión otomana que pasó muy cerca sin reparar en ella. El límite histórico de la expansión turca corresponde exactamente a la frontera actual entre Croacia y Bosnia-Herzegovina. Los turcos se detuvieron en la cima de la montaña que domina como una muralla natural la ciudad, pero no descendieron). 

Comprando «caros manjares» en nuestro camino al río Tara. Foto: C. González

Ciertamente es un lugar repleto de memorias y en donde fácilmente te pierdes y te envuelves en datos y hechos históricos: «Ante la peste negra, el gobierno de Ragusa impuso la primera cuarentena moderna del mundo, limitándose ésta primera iteración a 30 días y llamándola trentino, pero cumpliendo en esencia con las actuales reglas de la cuarentena» (algo que de seguro bien nos suena a todos nosotros).​

Todo este bucólico lugar solo tenía una pega, por el interior de la Ciudad Antigua no circulan vehículos, y había que llegar (y encontrar) al lugar de pernocta acarreando en nuestras espaldas, nuestros voluminosos y pesados petates.


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A la mañana siguiente pudimos sacar momentáneamente a Sergi de su cuarentena particular a modo de pequeñas píldoras (en forma de visitas relámpago de cada uno de nosotros), no si antes lidiar con las malsonantes parrafadas croatas de los enfermeros, arreglamos cuatro cosas para facilitarle un poco la vida y nos despedimos de él.

Ese mismo día nosotros abandonamos la «Perla del Adriático» en dirección Montenegro, pero Sergi aún tuvo que esperar un días más, para poder ser repatriado a su lugar de origen.

Rincones secretos del río Tara. Foto: C. Izquierdo

La vida es demasiado corta como para perder un segundo.

Rincones secretos del río Tara. Foto: C. Izquierdo

El maldito río Tara

Al desaparecer Sergi del equipo (él llevaba ya unas semanas por la zona y había recopilado información sobre el tema), nos movíamos en tal grado de incertidumbre en nuestro viaje, que nos costó una buena discusión y un centenar de kilómetros, el comprender hacia qué sentido del mapa transcurrían las aguas de río Tara.

Para más inri, Carlos no paraba de cambiar los conceptos de arriba y abajo en su vocablo, algo que agravaba más aún el desconcierto de nuestra situación y empeoraba la ubicación de la aventura, al ser él el conductor del vehículo que nos transportaba hasta ese lugar incierto.

No sé cómo ni por qué, terminamos el día en lo que sería nuestro final del descenso del río Tara: Šćepan Polje. Muy cerca de la frontera con Bosnia y Herzegovina, y donde se junta con el río Piva (potente descenso de grado IV, cuando la presa suelta agua) formando el denominado río Drina.

El río Tara. Foto: C. González

Allí por fin pudimos encontrar un remanso de paz (alejados de los terribles sablazos de las zonas turísticas), a base del buen comer y dormir, a un precio más que económico.

Nos encontrábamos a más de 80 km de nuestro inicio, sin tener la más mínima idea de cómo íbamos a gestionar el tema de la ida o de la vuelta, pero con muchas ganas de remar. Tantas, que al día siguiente recogimos y nos marchamos en busca de un buen inicio para nuestro descenso, sin importarnos lo que pudiera acontecer en días venideros.

Parque Nacional de Durmitor

La abrupta orografía de Montenegro me ha sorprendido enormemente, en pocos kilómetros pasas del nivel del mar, a las altas cotas por encima de los mil quinientos metros de altitud.

Las carreteras se tornan tortuosas en un intento a adaptarse al vertiginoso terreno por donde transitan, y a cada recodo, encuentras unas impresionantes vistas hacia el mar.

Abandonamos el mar para dirigirnos a las montañas de Montenegro. Foto: C. González

Cuando ganas una considerable altura, el paisaje lejos de perder calidad, se muestra ante ti en forma de verdes colinas y descarnadas paredes calizas, que afloran desafiantes y dejan dentro de mi, mil dudas de si se podrán escalar.

Pero lo mejor está por mostrarse ante nosotros, el cañón del río Tara es impresionante. Un tupido y exuberante bosque de hayas, robles, pinos, abedules, etc. cubre todo su recorrido, y allí en donde la verticalidad del terreno impiden que crezcan, brota la omnipresente caliza.

Las montañas de Montenegro, Parque Nacional de Durmitor. Foto: C. González

Te busqué porque pensé que valías la pena, no por falta de dignidad.

Las montañas de Montenegro, Parque Nacional de Durmitor. Foto: C. González

El fluir del agua ha esculpido un abrupto y profundo terreno, por donde nos adentraremos y transitaremos durante al menos, los próximos tres días.

Verde Esmeralda

Una vez más, la improvisación «controlada» que regía nuestros pasos durante el viaje, nos depositó en el famoso puente sobre el río Tara, el denominado: Đurđevića Tara Bridge. Punto neurálgico de turistas, y fuente de información interesante para nuestro objetivo.

Previamente ya habíamos recopilado algo de información sobre el río durante nuestra estancia en Šćepan Polje, sabíamos el comienzo del embarque de la zona comercial (en donde se hacía rafting), los kilómetros, el grado de dificultad (sin concretar, ni conocer pasos) y el desembarque.

La parte superior del río Tara. Foto: C. González

Ahora, en nuestra nueva ubicación, aprendimos cosas nuevas sobre la zona (nada concluyente y que solventara nuestras dudas definitivamente), la más importante e incómoda de todas, para descender el río Tara, hay que soltar pasta…

Justo en el embarque de los raftings (Splavište parking) existe una caseta de madera en donde deberemos pagar la entrada del parque nacional (5 euros) y los tramos del río que queramos hacer (50 euros desde aquí a Šćepan Polje).

Como ya veníamos calientes, decidimos ojear la zona superior del río, para valorar la posibilidad de añadir más kilómetros al descenso (y otros 20 pavos más de permiso). Así que nos acercamos a la localidad de Dobrilovina (más allá no podríamos pasar por un gran desprendimiento de rocas que impedían el paso).

Pasando por debajo del famoso Đurđevića Tara Bridge. Foto: C. Izquierdo

En la parte más incipiente desfiladero, vale la pena hacer una visita a las monjas del Monasterio de Dobrilovina, un pequeño y remoto templo ortodoxo dedicado a San Jorge de estilo Rascia, con raíces en el siglo XIII y frescos de inicios del XVII pintados durante la dominación otomana. Cuenta la leyenda que, en este lugar cuyo topónimo está relacionado con la palabra “abundancia”, antaño existía un sistema de canalización gracias al cual llegaba leche fresca directa al monasterio.

Lejos de leyendas, pudimos comprobar atónitos, como los gatos se nutrían de leche fresca, al amamantar de las perras que rodean el monasterio.

La zona es salvaje y espectacular, el río ruge allá a lo lejos, en las profundidades del cañón. Éste tramo son unos 20 km – ww III-V, con algunas zonas con muchas exclamaciones y que conviene ojear…

Paredes verticales en el tramo superior. Foto: N. izquierdo

No es una zona ni mucho menos comercial, más bien poco transitada y olvidada, pero sin duda es la que más me gustó (realmente es en esta zona, por donde pasas por angostos lugares, entre paredes verticales de piedra).

El agua, perfecta: verde esmeralda y tan translúcida, que eres realmente consciente de la velocidad a la que fluyes al ver pasar debajo de ti, las piedras del lecho del río.

El descenso del río Tara

Tras concretar nuestro Pickup en una de las zonas de acampada próximas (pernocta gratis en tienda) , lo teníamos todo organizado, solo nos quedaba cargar nuestros Packrafts, inflarlos y disfrutar del recorrido.

En uno de los saltos del primer tramo que había que mirar. Foto: N. izquierdo

El primer día de descenso fue el más tranquilo, tan sólo realizamos los 17 km desde nuestro embarque a Splavište parking, es un tramo complicado en donde nos bajamos varias veces de nuestros Packrafts para ver algunos pasos (algún salto, rebufos raros y caos de bloques).

El nivel del río no era apabullante, había sido un año terco en nieves, y el nivel del fluir del agua andaba un poco escaso en las zonas superiores.

El segundo día fue más intenso, con 32 kilómetros; en donde el agua siempre empujaba, en ocasiones sutilmente y en otras, de una forma más grosera.

Un trayecto de ww II-III, en donde algún tramo había que remar para ganar velocidad en el descenso, y en donde el paisaje era simplemente espectacular.

Tras dejar de paso el característico Porto Tara, pernoctamos en una conveniente playa puesta a nuestra disposición (en el margen izquierdo del río), donde descansamos y secamos material en plena soledad, en las entrañas de las montañas.

Segunda noche en el río Tara. Foto: C. González

Quizá, el silencio de un paraje, importe tanto como él mismo.

Segunda noche en el río Tara. Foto: C. González

El tercer día sin duda alguna fue el más intenso, no en kilómetros (que también, unos 35), si no en dificultad del río.

Éste tramo se encuentra bien diferenciado por aproximadamente 4 km – ww III-IV, donde el río Tara enseña sus garras en un encadenamiento de rápidos y trenes de olas muy intensos y divertidos. Nosotros fuimos a vista, pero no es ninguna tontería, realizarlo previamente para más tarde (en el descenso íntegro), poder ir con algo más de seguridad e información.

Intentar realizar éste tramo de río entre semana, nosotros tuvimos la desconsideración de realizarlo en Sábado (nada planificado y totalmente fortuito), y el contraste fue dantesco a la par que extraordinario.

Justo antes de desembarcar tras terminar el río Tara. Foto: C. Izquierdo

Al pasar por el embarque del tramo comercial, los rafting se amontonaban en las orillas del río Bosnias, dejando un panorama muy anecdótico, al cual rápidamente nos sumamos.

Hordas de Bosnios beodos (botella de Ginebra y whisky en mano) se avalanzaban sobre el interior de las grandes embarcaciones, comandadas éstas, por aguerridos capitanes entrados en carnes.

Bosnians in the river, si os fijáis bien, Carlos y Nico están mimetizados en la multitud. Foto: C. González

Los packs de 24 latas de cerveza de medio litro (compradas al son de la música que emanaba del interior de un Renault 5), sustituían a las bebidas isotónicas en la misión de refrescar las irritadas gargantas que se esforzaban contínuamente, en cánticos y alabanzas.

Pese a todo, ninguno de éstos cabrones mordió el polvo en los rápidos, y yo en el tercer rulo chungo, pegué nadada, perdí la pala y me tocó pasear por la abrupta orilla hasta encontrarla…. Eso sí, el pedo se me pasó instantáneamente…

El final de río deparaba aún algún tren de olas muy divertidas y algún paso extraño en forma de batidora; a sabiendas de que el río llegaba a su fin, entramos en una especie de éxtasis descontrolado, que se traducía en un caótico descenso a saco, en donde no sabías si al saltar de la ola caerías en la popa del compañero o pegarías el revolcón.

Yo también estoy loco

¿Por qué?

Ya lo descubrirás cuando sea demasiado tarde.

Bosnia y Herzegovina

Como todo lo que nos sucedió a lo largo del viaje, el encuentro de un acogedor camping en las inmediaciones de la ciudad de TrebinjeТребиње (a menos de una hora del aeropuerto de Dubrovnik, tras coronar esas montañas en donde el Imperio Otomano se detuvo justo en las puertas de la ciudad) fue pura coincidencia.

Disfrutando del teatro de calle en la ciudad de Trebinje. Foto: C. González

Cansados ya de pasar fronteras y atravesar países (prestad atención a las retenciones que se forman) que un día formaron la desaparecida Yugoslavia, decidimos pasar nuestras últimas estancias de nuestro viaje en aquel lugar. De ésta manera nos mantendríamos alejados de las multitudes de turistas (y los precios abusivos), sin tener que distanciarnos demasiado del lugar en donde terminaría el viaje.

Ahora toca pensar cuál será nuestro próximo destino, en lo que parece ser ya todo un clásico (y cita obligada), nuestra quedada estival de Packraft.

A veces, mirando al techo, se encuentra la solución (aeropuerto de Dubrovnik). Foto: C. González

He adquirido la honorífica responsabilidad, de organizar el próximo encuentro (en donde espero encontrar el grupo al completo), en soledad pienso.

No queda nadie para descubrirte riendo.


Si quieres ver la guía práctica del viaje:

La vida es silbar


Toda la información y descarga de Track

2 comentarios en “Packrafting Tara river, Montenegro. El cañón más largo de Europa.

  1. Avatar de Borja

    Joder, qué equipazo! Ganas mil de volver a disfrutaros en el rio amigos. Me duele haberme perdido esta, pero espero estar en las siguientes. Me encantan estos artículos para poder disfrutarlo con vosotros.Un abrazo!

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    1. Avatar de sobreescalada

      Para la próxima tronco !! Abrazo!

      Me gusta

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