India, valle de Parvati – Tosh. Historia de una escalada.

Por: Curro González, sobreescalada.com

Después de trabajar durante un mes y pico por la zona de Leh en la India, aún nos quedaban algunos días libres y algo de fuerza para aprovecharlos. Así que, una vez marchado el último grupo de clientes partimos por tercera vez desde Delhi a Manali.

No disponíamos ni de mucho tiempo ni de mucho material para meternos en ningún “fregao” gordo. Pero no nos podíamos resistir a visitar un valle oculto y casi inexplorado que nos había hablado en las diferentes conversaciones.

Agujas rocosas vírgenes a 5000 metros, a la izquierda destaca el “Sarcófago”

El gran problema que teníamos es que este lugar se encontraba en la vertiente sur del gran macizo y el Monzón pegaba de lleno. Un hecho que se agravaba en la época en la que nos encontrábamos y que nos dejaba poco margen de actuación en caso de sufrirlo, algo más que probable.

Tras varios días de trayecto partimos desde Tosh, envueltos en una intensa lluvia, por un frondoso bosque. Ganando poco a poco altura y adentrándonos en el agreste valle en busca del nacimiento del artífice. Una vez en el plató del glaciar, montamos lo que sería por unos días nuestro campamento base, una tienda de campaña y una lona de plástico en forma de cocina/salón/comedor.

Vistas desde nuestro campamento base

El lugar era simplemente espectacular y sufriamos de pensar que no disponíamos de los suficientes días como para adentrarnos en su interior.

Nos encontrábamos casi a 5000 metros de altura, una altura considerable si no estás aclimatado (sobre todo si vas a escalar). Pero gracias al mes y pico de estancia por estos lugares habíamos adquirido cierta ventaja sobre este hecho, que aprovecharíamos para sacar el máximo rendimiento de nuestra corta estancia en el valle.

Todos y cada uno de los días que estuvimos llovió o nevó, algunos por la tarde noche (en lo que aprovechamos para hacer algo) otros durante todo el día. Hasta que por fin nos decidimos por un objetivo más o menos cercano y más o menos factible para la situación en la que nos encontrábamos.

A unas 3 horas de empinada aproximación, existían unas formaciones rocosas de granito rojizo que eran imposible pasar de largo. Sobre todo una esbelta y característica aguja rocosa que bautizamos como el “Sarcógrafo”, debido al gran parecido que tenía esta, al antiguo objeto Egipcio.

El Sarcógrafo “Adiós, me voy 300 metros 6c/A2”

En el margen derecho de dicha formación rocosa encontrábamos una sucesión de fisuras y diedros que ofrecían una elegante forma de ascender hasta la cumbre. Así que cargamos con todo nuestro material y ascendimos hasta la base de la misma, en un día que parecía que iba a ser bueno.

Fantástico día de escalada en un lugar espectacular, roca perfecta que ofrecía emplazamientos perfectos para el aseguramiento. Algo que agradecimos, ya que solo llevábamos dos clavos.

El espectacular comienzo de la ruta
Escalando el Largo 1, 6b
Enlazando los largos inferiores con el sistema de diedros que llevaban a la cima
En los largos del diedro
Difícil largo antes de salir del diedro 6c/A2

A dos largos de la cumbre el monzón hizo acto de presencia, y vaya si vino… Una intensa nevada envolvió el valle como por arte de magia, la temperatura bajó de tal manera que la nieve húmeda se pegaba en todos los lugares.

Yo insistía en vivaquear y aguantar hasta la mañana siguiente, la experiencia nos decía que las mañanas eran de buen tiempo. Pero esta nube era diferente, “lobeaba” por las laderas de las montañas y descargaba con fuerza nieve. Y mi compañero me hizo entrar en razón y descendimos como pudimos de aquella aguja.

Estuvo nevando toda la noche y todo el día siguiente, la nieve desapareció tras la intensa lluvia. La estancia en aquel pequeño valle había llegado a su fin, nos marcharíamos al no disponer de más tiempo para poder escalar.

Tras un descenso épico, con petates de 100 kg (descendimos solos lo que habían subido cuatro personas). Calados hasta los huesos durante dos días llegamos por fin a la pequeña aldea que habíamos abandonado días atrás.

Nunca más hablamos de esta ruta mi compañero y yo, supongo porqué quedó incompleta. Con el paso del tiempo cada uno de nosotros siguió su camino, él tuvo mala suerte. Falleció en una alud hace ya algunos años, mi compañero era Román Bascuñana.

De tener algún nombre esta ruta, si es que tenemos derecho a ello, podría ser “Adiós, me voy“. Una frase divertida, que teníamos para que los clientes acelerarán en los primeros preparativos, al comienzo de la actividad.

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