Las cuatro puntas, Espolón Pienaovejas

Por: Curro González, sobreescalada.com

¿Dónde vas? ¿Nunca vas a parar?

Cabecita loca, culo inquieto….

El Mirlo es el ave con el canto más medólico; se trata de una canción completa repleta de silbidos y melodías, que nos deleita en los amaneceres y atardeceres del primer semestre del año.

Como ser mitológico y espiritual, el Mirlo es una de las criaturas más fascinantes debido a su dualidad: representa un puente entre la luz y la oscuridad, el mundo de los vivos y el de los espíritus.

A diferencia de otras aves negras como el Cuervo, rara vez se le asocia con la fatalidad o la mala suerte; en su lugar, encarna el misticismo, la intuición y la sabiduría oculta.

El comienzo de la cresta de las Cuatro Puntas. Foto: C.González

Pero tanta elevación espiritual choca con una realidad fisiológica implacable: vuela con la ligereza de quien ignora el peso de la retención, movido por un metabolismo que parece patrocinado por una marca de café exprés.

Con semejantes precedentes celestes, y con nuestro particular Mirlo marcando el paso tras un contundente y proteico desayuno —siempre ligero, veloz y con una proverbial urgencia por aligerar equipaje—, decidimos encarar la empinada pendiente hasta el comienzo de la escalada del día de hoy.

La cresta de las cuatro puntas. Foto: C. González

Las cuatro puntas son unas modestas formaciones rocosas ubicadas al amparo de la cara oeste del Cancho Largo o Pajarito.

Como sucede en muchas ocasiones, podemos encontrar un rincón solitario y salvaje a escasos metros de distancia de la tan concurrida y ambiciada cara sur del Cancho Largo.

Tal vez por desconocimiento o por miedo a lo no frecuentado, pasamos de un mundo de bullicios a uno de exploración, en tan solo diez minutos más de empinada aproximación.

Aguerridos y lozanos escaladores de los de antes han surcado estas paredes, trazando líneas con solera que de seguro compensarán con creces los sudores de quienes se acerquen a la zona y se adentren en sus paredes.

El Espolón Peinaovejas es una divertida y elegante manera de alcanzar las escarpadas cumbres rocosas y acometer de una forma directa, la espectacular arista que enlaza las diferentes puntas que componen este pequeño macizo rocoso.

La escalada se desarrolla por un terreno escalonado mediante la superación de cortos muros y fisuras verticales.

Su amable terreno y material emplazado en puntos conflictivos, la hacen postular como la ruta clásica del lugar por excelencia.



En el paso de la «zancada». Foto: B.H.


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Por si esto no fuera poco (como he comentado anteriormente), es la manera más lógica de conectar con la espectacular y divertida cresta de las cuatro puntas, haciendo de la actividad una completísima jornada de escalada.

Progresar por la en ocasiones afilada y aérea cresta no os dejará indiferentes; las sensaciones se acentúan más aún si cabe por las impresionantes vistas y el famoso paso de la «zancada» que a más de uno le hará pensar 🤔….

Tras la superación de tal aéreo paso, las dificultades poco a poco decrecen hasta el punto de terminar la actividad andando de una manera natural.

En definitiva, una línea magnífica y redonda para el recuerdo, donde solo queda celebrar el día y comprobar quién ha volado más ligero.

Fuente: UG

Te dejo otra idea por la zona

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