

Por: Curro González, sobreescalada.com
Cuando somos más jóvenes, tendemos a ver el mundo en blanco y negro, o tal vez en líneas demasiado rectas.
Creemos que los caminos están todos trazados y que solo hay una forma viable de llegar hacia nuestro destino.
Sin embargo, con el transcurso del tiempo, nuestra mirada se afina y empezamos a descubrir matices que antes pasaban desapercibidos; matices que nos ayudan y facilitan el proceso.
En la escalada ocurre algo similar, puedes pasar mil veces por un mismo lugar, caminar por el mismo sendero o escalar la misma pared, y de repente, en un día cualquiera, se produce un clic.
Y como si fuera arte de magia, de repente ves una nueva línea; un paso que antes te parecía imposible, lo realizas con solvencia o caes en la cuenta de una ascensión tan elegante que te preguntas cómo es posible que no la hubieras visto antes.
La montaña no ha cambiado; hemos cambiado nosotros. Nuestra madurez, nuestros tropiezos y nuestros aprendizajes nos han otorgado la experiencia necesaria para descifrar su lenguaje secreto.
Foto: La espectacular silueta del Cancho Gordo.
Lo mismo sucede con las relaciones humanas.
Hay encuentros fugaces que pasan como una ráfaga de viento, pero también existen aquellos encuentros especiales, los que detienen el reloj.
Son esas largas e íntimas conversaciones que empiezan casi sin planearlo, al calor de un café o al amparo del anochecer, y que de pronto se alargan hasta altas horas.
Con ciertas personas se produce un clic instantáneo, una sintonía tan natural que parece que las conocieras de otra vida, de otros caminos.
Es como si compartieran el mismo mapa invisible de la vida, manteniendo charlas profundas, donde uno se desnuda de artificios y se muestra tal y como es.

Al igual que ocurre con las imponentes agujas de Valdemanco, que revelan su verdadera belleza a quienes se toman el tiempo de contemplarlas de cerca, las personas más valiosas de nuestra vida no se conocen deprisa.
Requieren paciencia, tiempo compartido y la disposición de mirar más allá de la superficie.
Integral de las Agujas de Valdemanco
Cuando desde la lejanía observamos la serranía de la Cabrera nos percatamos rápidamente de la abrupta orografía que la compone.
Esbeltas agujas graníticas y profundas brechas configuran un entramado espectacular, agreste y salvaje.
No es de extrañar por ello, que muchos pioneros de la escalada se sintieran atraídos por sus verticales paredes rocosas.
Muchos de ellos han dejado un auténtico legado por esta serranía, manteniendo su sello inconfundible y mostrando el camino a futuras generaciones de escaladores.
Son éstos caminos los que hoy en día aprovechamos para disfrutar o sufrir, y los que el día de ayer pudimo seguir para realizar la actividad que a continuación os relato.
Tendemos a extender la denominación de la sierra de La Cabrera a toda la espina dorsal característica que domina la panorámica desde el valle.
Pero bajo mi punto de vista la serranía se divide en dos grandes formaciones: La sierra de la Cabrera, que se extiende desde el Pico de la Miel al Collado Alfrecho; y las Agujas de Valdemanco, que se extiende desde éste último hasta el Collado de Celemín.
Es en esta última formación rocosa en donde realizamos nuestra actividad.
Foto: Escalando «Pericolo do morte 6a+», Aguja Amarga.


Llevaba ya mucho tiempo con la idea de combinar y encadenar diferentes zonas rocosas y rutas de escalada, pero la falta de continuidad entre las agujas me echaban un poco para atrás.
Pese a la suculenta silueta de la serranía, las agujas se encuentran separadas entre ellas, lo que supondría una tediosa labor de aproximación entre ellas, amén de, una inevitable falta de continuidad en la escalada.
Tenía claro que quería escalar sin bajar al suelo todo el tiempo que se pudiera, enlazar todas las posibles rutas de escalada que cumplieran con este requisito y en el caso de tener que hacer transiciones andando, que la aproximación fuera lo más corta posible.
Es así como por fin ví claro un posible camino, comenzaríamos la escalada en el Cancho de la Ladera y terminaríamos en la última de las formaciones rocosas de las Agujas de Valdemanco, la Aguja Astarte.
Cancho de la Ladera

Comenzamos la escalada en la ya conocida «Integral de Chamberí» situada en el Cancho de la Ladera, esto nos permite acumular metros desde cotas relativamente bajas de la sierra.
Esta ruta se ha convertido en una gran clásica de la zona, gracias a su trazado variado y dificultad baja.
Para nosotros eran una manera elegante y rápida de comenzar la actividad, y nos daría un acceso relativamente corto a nuestra próxima pared.
Cancho Largo

El Cancho Largo o Pajarito de la Cabrera es otro de esos riscos conocidos, encontrando frecuentemente escaladores surcando las placas graníticas de su cara Sur.
En la Integral podemos optar por escalar cualquiera de estas rutas, ya que la gran mayoría de ellas terminan en la instalación de rapel ubicada bajo su cumbre.
Nosotros escalamos la vía Nines, nunca antes la había surcado y tenía en mente otras cosas para más adelante, así que nos pareció una buena alternativa. Ojo con la graduación antigua.
Desde la instalación de rapel, continuaremos la escalada hasta que una gran brecha nos obliga a dar un salto de fe…. 2 metros al aire.
Nos queda el último escollo antes de enlazar con el siguiente risco, un destrepe feo o un mini rapel desde unos cordinos roñosos…

La Aguja de las Cuatro Puntas


Esta zona sin duda alguna es la más espectacular y entretenida, mediante una escalada aérea enlazamos las diferentes formaciones rocosas que forman la afilada cresta.
Tras terminar la travesía iremos a buscar el pequeño collado que nos da acceso mediante un corto descenso al Cancho Gordo.
Agujas de Valdemanco

El Cancho Gordo será la primera de las agujas que a cometeremos de las conocidas Agujas de Valdemanco.
Ascenderemos hasta su cumbre por la ruta de escalada «Bruma», bonito itinerario que depara en su segundo largo una sección de fisura apretada.
Una vez superadas las dificultades de la ruta, comenzaremos un descenso a buscar una instalación de rapel hacia la cara Norte.
No es especialmente obligatorio realizarlo, pero la humedad que se resiste a desaparecer en los líquenes de la cara Norte, nos pueden jugar una mala pasada.
Una vez en el cordal de la montaña, realizaremos una consecución de trepadas y destrepes por el perfil de la sierra que nos irán dejando en las diferentes cumbres.
De esta manera llegamos rápidamente a la cumbre de Punta Laura, estandarte de la escalada de la zona.
Continuaremos por terreno escarpado hasta una profunda brecha que tras una sencilla y corta destrepada, nos deposita en el jardín colgante de Punta Amarga.
En las verticales paredes de esta modesta aguja podemos encontrar dos excelentes rutas de escalada, la primera de ellas es una dura y excelente vía semiequipada «Fanno Male i Taloni 7a» y la contigua, «Pericolo di morte 6a+», una excelente fisura totalmente limpia.
Cualquiera de estas dos alternativas nos devolverán de nuevo a las cumbres para continuar con nuestra integral.

Continuaremos por terreno accidentado a través de las cumbres de Cancho Moñiga hasta una gran brecha que parte en dos el cresterío.
Pronto destaca la imponente placa de la Punta Inquisición, por donde transcurre la vía de escalada «Rebeca 6a+».
Se trata de una escalada en placa técnica totalmente equipada, una vez más, excelente.
De nuevo en la cumbre, retomaremos la cabalgada entre grandes bloques y terreno caótico, donde deberemos afinar con el camino correcto.
De esta forma llegamos a la emblemática Aguja Astarot y su aérea cumbre; donde conviene prestar atención en su descenso.
Ya a la vista tenemos el último escollo, la Aguja Astarte a la que se accede sin muchas complicaciones.


Desde una pequeña brecha realizaremos un corto destrepe para ir a buscar la base de un acongojante espolón, que se caracteriza por sus intimidantes techos.
Aquí encontramos la vía Anónima Este 6a+, una interesante escalada que se atreve con la superación de los techos por su lado más benévolo.
Tras llegar a la reunión, continuaremos unos metros escalando hacia nuestra izquierda para buscar la instalación de rapel que nos deposita en 30 metros en el suelo.
Tras completar la integral tan solo nos queda regresar al punto de origen por el camino de la fuente de los tres amigos, un lugar que si no conocéis, os va a encantar.
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