
Por: Curro González, sobreescalada.com
A los 47 años y algunos días, uno empieza a darse cuenta de que el tiempo ya no transcurre de manera lineal, sino que se pliega, como si ocultara caminos alternativos.
Es algo que aprendí hace ya bastante -algunos días más, diría yo, han transcurrido- aunque en aquel entonces no sabía ponerle nombre, o si lo hice no lo recuerdo.
Como si cada momento tuviese una sombra, una versión que se desplaza en otro tiempo y lugar, como si tal vez todo estuviera orquestado o quizá pudiéramos elegir.
Pero aquí estamos, unos días más, unos años más, indagando en las fisuras de la piedra y del tiempo, sin tener certeza acerca de si estamos progresando o si simplemente nos deslizamos entre mundos que ya existían.
Elena escalando la «Desconocida». Foto: UG
Nos juntamos la Mafia una ventosa y fría mañana para ir a buscar una Torre que al parecer se hallaba oculta.
No os voy a negar que cada vez que coincido o reincido con este variopinto grupo, disfruto de un agradable día; y mira que yo no soy mucho de pertenecer a grupos (soy más de estepas solitarias), pero si tuviera que pertenecer a alguno, sería de la Mafia.
Un maleante, pícaro, bribón, sinvergüenza, truhán, bellaco, tunante, canalla, golfillo, granuja, rufián, zascandil, mangante, pillastre, embaucador, fullero, trapacero, cualquiera de ellos, si no todos, podría ser yo.
Aunque me consta que alguno de los más férreos integrantes ya ostenta varios de estos dones.


La zona realmente no se encuentra oculta, está a simple vista de cualquiera que quiera mostrar interés; eso sí, guardar fuerzas para la empinada caminata a través del poco evidente camino trás la Pirámide.
El lugar, un remanso de paz, un buen sitio en donde poner en práctica nuestra pericia y disfrutar de un plácido día al sol.
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