Escalada en hielo en Becedas: Sector Escuela

Por: Curro González, sobreescalada.com

Se habla de las energías humanas como si fueran corrientes invisibles que tienen voluntad propia y son capaces de decidir por nosotros quién permanece y quién no.

Energías altas, pesadas, livianas o desgastantes; energías que parecen ser detectadas a la distancia y alinearse sin esfuerzo, como si el cosmos trabajara con un sistema de compatibilidades perfectamente calibrado.

Si bien nadie ha podido localizarlas o medirlas con exactitud, todavía se les adjudican despedidas indiscutibles, afinidades instantáneas y silencios.

En esta maraña energética también viven aquellos que han aprendido a emplear el lenguaje de las vibraciones como táctica para acercarse al sexo contrario.

Personas que no se interesan por cómo eres; que no coquetean, sino que «leen tu aura»; que no intentan ligar, sino «conectar desde un lugar genuino»…

Aseguran que no es seducción, sino afinidad cósmica… aunque curiosamente casi siempre termine de la misma manera en el mundo terrenal.

Se suele describir la compatibilidad energética como algo suave y reconfortante: conversaciones que fluyen sin esfuerzo, encuentros que no son pesados, miradas que supuestamente alinean chakras sin previo aviso.

Sin embargo, la experiencia real es menos ideal.

Existen vínculos que no surgen del fluir, sino de la constante adaptación y reajuste; relaciones que no progresan por inercia, sino a través de la atención, la escucha y una resistencia común.

No porque la energía esté equivocada, sino porque no todos los encajes son instantáneos o naturales.

Hay veces en las que la teoría de las energías se asemeja inquietantemente a un Tinder metafísico: existen individuos con los que todo parece conectarse desde el principio y otros con los que, por más esfuerzo que se haga, la conexión nunca se produce.

No es que te falte voluntad; es que estás tratando de conectar un calefactor industrial a un iglú. Nada está roto, simplemente el contexto no permite ese tipo de calor.

La escalada en hielo proporciona un paralelismo más sincero que cualquier discurso espiritual (en pleno invierno, cuando se está frente a una pared helada, no hay promesas de comodidad ni de acogida).

El frío no acompaña, no se acomoda y no tolera equivocaciones; el hielo no te rechaza por tener mala energía, pero tampoco te sostiene si no comprendes su estructura.

Así también es como funcionan muchas de las compatibilidades humanas.


Si quieres toda la información de acceso y zonas:

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Existen individuos que parecen ser sólidos y prometedores desde el principio, pero se rompen con el primer intento de apoyo. Otras son duras, frías y, a simple vista, inhóspitas; y sin embargo, ofrecen una brutal fiabilidad cuando aprendes a comprenderlas.

No es energía mágica ni vibración, sino estructura, experiencia y límites bien entendidos.

El crudo invierno no cree en las almas gemelas ni en los encuentros predestinados. Cree en capas térmicas, en la paciencia y en saber cuándo apartarse y cuándo seguir adelante.

No todo hielo se puede escalar, no toda energía se puede combinar y no toda incompatibilidad representa un fracaso.

Foto: Raúl escalando en Hoya Mayor.

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