Por: Curro González, sobreescalada.com
Tuve que morir para aprender a valorar lo que me daba la vida, y cuando hablo de morir no hablo de dejar de existir, hay situaciones que matan tu espíritu y mueres aunque estés respirando.
Cuando miras durante un largo periodo de tiempo a un abismo, éste también mira dentro de ti, y es sencillo sentirse atraído por sus oscuros secretos.
Afortunadamente es imposible continuar siendo siempre la misma persona, sencillamente porque vivimos (o lo intentamos); porque conscientes o inconscientes, estamos en un contínuo aprendizaje; la vida en sí es una una fuente de experiencia y sabiduría que unos aprovechan más rápido y mejor que otros, pero que está aquí para todos sin excepción, en ti está despertar.

Día 1 de 2024, ni quiero empezar bien el año, ni es el comienzo planificado de mis truncadas metas pasadas, ni mucho menos quiero hacer un post navideño.
He salido de guardia, después de una noche en los que unos olvidan el valor de sus vidas, y otros intentan recordárselo.
He dormido un par de horas, y la idea de perderme en un lugar solitario, se instala en mi interior.
Me desagrada el poder encontrarme con personas, hoy estoy pleno con mi soledad, nos llevamos bien ella y yo. No quiero mediar palabra, ni escuchar ruido, me apetece correr.

La Sierra del Rincón y las inmediaciones del pueblo del Atazar me fascinan, bajo mi punto de vista, son el único reducto que aún conserva nuestra serranía para poder encontrarte en la más absoluta soledad.
El agreste y escarpado terreno, unido con su basta vegetación, lo hacen irresistible para mi. No me gusta lo complicado, los adornos, me gusta observar el entorno en el que me encuentro como es, en toda su magnitud, sencillo pero a la vez complejamente embaucador.
Ascender a Cabeza de Antón y más tarde bordearlo, transitando el escueto pero marcado camino existente, es un pretexto más que suficiente para aventurarse a realizar ésta ruta. Pero sería injusto olvidar el resto del recorrido, el ascenso al Collado de la Pinilla y al Torreón.


Con la perfección que aporta la circunferencia, regresamos desde la cumbre del Torreón al lugar de origen (pasando por el pueblo del Atazar), en un vertiginoso y escarpado sendero no apto para tobillos frágiles.
Información de la ruta




