Packraft en el cauce bajo del Lozoya y medio del Jarama

Por: Curro González, sobreescalada.com

No hace mucho os contaba cómo me ha cambiado la forma de ver los días de lluvia y cómo andaba deseoso de aprovechar estas favorables condiciones que aporta el medio líquido caído del cielo para la práctica del Packraft en los ríos cercanos a casa.

También de alguna manera alardeaba de la búsqueda de aguas rápidas y revueltas para sentir “vidilla” y adrenalina, pero como todo en esta vida hay que tener cuidado con lo que se desea porque en ocasiones se puede transformar en una pesadilla.

Mapa del recorrido

Las lluvias torrenciales de las últimas jornadas han transformado los ríos que descienden de las cumbres de la sierra de Guadarrama, en auténticas trampas mortales. Es impresionante ver la transformación que han sufrido en apenas unas horas, ya que han pasado de torrentes agitados a furiosas y embravecidas aguas que literalmente arrasan todo a su paso.

Así que con el plan A fallido, el B a medio gas, Miguel y yo nos desplazamos a probar el plan C.

Árboles caídos que dificultan el avance

En el último mes me estoy dedicando más al Packraft que a la escalada, de alguna manera esta nueva práctica me depara nuevas sensaciones, emociones y aventuras en pequeñas y accesibles jornadas. Pero sobre todo lo que realmente me motiva es todo lo que me queda por aprender y mejorar.

No hace mucho descendí el cauce medio del Lozoya con el Packraft, una actividad que me sorprendió gratamente por sus paisajes y su modesta y divertida dificultad. También, los que seguís el blog os sonará que, junto con Miguel descendimos la parte baja del Jaramilla hasta el Jarama, que si bien la podríamos agrupar más en actividades de jardinería en vez de Packraft, nos sumó unos metros más de descenso de ríos a nuestro ridículo bagaje.

Pues finalmente nos quedaba navegar por las aguas del Lozoya hasta juntarse con el Jarama, y así lo hicimos. En esta lluviosa jornada nos desplazamos hasta el archiconocido Pontón de la Oliva (si,si el río que pasa por allí es el Lozoya) con nuestros nuevos juguetes en vez de con el material de escalada.

Antiguas pasarelas abandonadas que cruzan el río Jarama

Y encontramos lo que fuimos a buscar, mucha agua. Si bien, la morfología del río no tiene nada que ver con los torrentes y gargantas de los ríos más alpinos, las cuencas de los ríos que surcan los fondos del valle reciben el gran caudal de todas las torrenteras de las montañas, que se van sumando a medida que éste transcurre en su recorrido hasta su desembocadura.

Como ya he comentado, en el descenso encontramos mucha agua que nos trasladaba en ocasiones a gran velocidad pese a no tener grandes desniveles. También encontramos mucha vegetación atravesada en el cauce, el viento había hecho estragos en los árboles de la rivera.

Y por supuesto, encontramos infinidad de “tesoros” perdidos (chanclas, balones, gorras, etc) anclados a ambos lados de la orilla. Una muestra de la masificada actividad turística que sufre este entorno en los meses de más calor.

La jornada no estuvo exenta de sustos, ya que en una de esas ramas atravesadas en el cauce sufrí mi primer revolcón con el Packraft. Esto sucedió de la manera más tonta (como la gran mayoría de los accidentes) ya que por una mala gestión mía de posicionamiento y una mala gestión de tiempos por parte de Miguel y mía, hizo que éste chocara contra mí con relativa fuerza, desestabilizando mi posición y haciendo que terminará atrapado debajo la rama y la fuerte corriente.

Esquiando me he caído, escalando me he caído, montando en bicicleta me he caído… era cuestión de tiempo que en el Packraft, volcara. Ésto estuvo bien, bajó mi incrementada confianza (no hay nada peor que no tener ni idea y creerte un máster) y me proporcionó sensaciones y habilidades en un medio más o menos controlable (pese a perder el packraft y la pala río abajo) que se suman a las hasta ahora vividas.

Algún salto de agua en el río Jarama

El Lozoya muere en el Jarama, un río que siendo una artería principal de la sierra de Guadarrama llega casi mermado (en su recorrido llena los grandes embalses de la Comunidad de Madrid) a su fin, transformado prácticamente en un arroyo.

Las aguas del Jarama tiñen de chocolate las cristalinas aguas del Lozoya, éste primero horada los taludes de roca rojiza característicos de su cauce medio a la altura de las localidades de Patones y Torremocha del Jarama.

Trás poco más de 8 kilómetros llegamos a la altura del puente de la Fábrica, en Torremocha del Jarama, lugar donde damos por concluida esta jornada caracterizada por la lluvia y el rápido fluir del agua.

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