

Por: Curro González, sobreescalada.com
L1 de la anónima 6b+. Foto: C. González
La muerte es, quizás, el único misterio que todos compartimos. Lejos de ser solo un final, es el eco constante que le da un sentido profundo a cada instante de la vida; nos recuerda que el tiempo no es infinito y que la belleza de estar aquí radica en su fragilidad.
No es un enemigo que vence, sino el descanso inevitable tras el viaje, el silencio que permite que la música del existir haya tenido lugar.
Al final, morir no es desaparecer por completo, sino transformar la presencia en memoria y dejar en quienes se quedan la huella imborrable de lo que supimos amar.
Recuerdo perfectamente cuando recibí la noticia del fallecimiento de Carlos, fue durante una conversación telefónica con Eva Martos.
Ambos quedamos atónitos ante semejante noticia y, durante unos largos instantes, se produjo entre nosotros un silencio reflexivo.
No pudimos más que aplazar nuestra conversación para dedicar cada uno de nosotros el tiempo necesario para asimilarlo.
Asimilar que alguien tan lleno de vida ya no está no es una tarea sencilla ni rápida. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, uno comprende que las personas verdaderamente excepcionales no se marchan del todo.

Quedamos los de siempre, para hacer lo de siempre, en el mismo lugar que siempre y… ¿hablar de lo de siempre?
¿Seremos Neurodivergentes?
Por mucho tiempo se nos ha vendido la idea de que la mente humana viene con un “sistema operativo” estándar.
Ése en el que todos procesamos la información a la misma velocidad, nos concentramos sin pestañear en reuniones de dos horas y reaccionamos de la misma forma ante las luces fluorescentes de la oficina.
Pero lo cierto es que hay bastantes más variedad: unos funcionan con la versión clásica de fábrica, otros vienen con un código totalmente personalizado y un buen número de pestañas abiertas simultáneamente.
Ser una persona neurodivergente no significa tener el cerebro “chungo”. Más bien, significa tener un mapa mental diferente para navegar en el mismo planeta.
El verdadero dolor de cabeza de la neurodivergencia raras veces es la propia mente, sino el esfuerzo titánico de intentar parecer “normal” para no desentonar.
¿«Raritos»? Puede ser, pero con estilo.

Al amparo del supuesto frescor del otoño acometimos la peculiar aproximación hasta pie de vía, pronto nos percatamos que el «veroño» reina sobre nuestra serranía, y las tórridas temperaturas a pie de vía causaron la primera baja en el grupo.
Joaquín no se anda con tonterías, si la temperatura no es de su agrado y la humedad relativa del aire no es la correcta, lo manda todo a tomar por el riau.
Así que mientras él se dedicaba a sus labores de exploración, a Miguel y a mí nos dio por escalar.
Elegimo la que es, bajo nuestro humilde punto de vista, la mejor ruta del risco: una sucesión de fisuras y off-width que rasgan de arriba a bajo la mole granítica («sin datos» en la reseña, color rojo).
Todos los largo que componen la ruta tiene su miga, así que iros con la idea de apretar o arrastraros. Si tuviéramos que destacar alguno de ellos, me decantaría por el último (en la reseña aparece con interrogación), una preciosa fisura de media luna con unos empotramientos perfectos de mano que saldrá como 6b (ajustándolo con la comparativa de los largos anteriores y para que no desentone, aunque creo que es más fácil).
Una vez superado este, os aconsejo ir a buscar la cara Oeste de la aguja (con un sencillo pero aéreo destrepe o ayudados de unas argollas de rapel) para escalar el último largo de la vía «Solo al Viento»: una magnífica placa técnica de canto que rondará el 6b+.
Dicen que la montaña pone a cada uno en su sitio, pero lo cierto es que si tienes un cerebro neurodivergente el camino para llegar ahí suele ser una aventura de lo más pintoresca.
Frente a un idéntico marrón en medio de una pared, el mundo ordinario se queda en blanco, pero el raro enciende un ecosistema mental totalmente diferente.
Mientras su compañero de cordada está a punto de colapsar por un ataque cinemático tridimensional, el escalador neurodivergente puede abstraerse totalmente, ignorar la gravedad mental y alcanzar una perspectiva tan lateral que raya en lo surrealista.
En fin, vivir con este particular sistema operativo tiene sus riesgos, pero también una imbatible ventaja: cuando poco te importa encajar en los moldes de los demás, descubres que la vida se disfruta mucho más a tu manera.

Suscribirse
Suscríbete para recibir nuestras últimas historias en tu bandeja de entrada.


