La Pared de Santillana por la vía Peñalara, corretrepa por la Pedriza

Por: Curro González, sobreescalada.com

El otro día me puse nostálgico y empecé a rememorar y a releer tiempos pasados que aparecen en este espacio; inevitablemente, me invadió una embriaguez melancólica que por algún momento me dejó palpitando en el sofá.

Consciente o inconscientemente, con el transcurrir del tiempo y sobre todo con los ocasionales posts que subo en el blog, he creado una especie de libro cronológico de la evolución de H.

Y me dejé llevar por esos momentos de cuando H era pequeño, muy pequeño, nuestros momentos y actividades juntos o acompañados de seres queridos.

Y realmente me quedo perplejo de la evolución (aún no sé muy bien hacia dónde) que está teniendo.

Como he comentado en más de una ocasión, nunca he obligado o insistido para que H me acompañara a realizar una actividad; ni de escalada, ni de bici, ni de correr…

H y el Torro. Foto: C. González


Es más, era y soy un desastre caminante en muchos aspectos, y en lo referente a la crianza diría yo, bastante espartano.

Eso no quita que, por H, como decía una celebridad española mundialmente aclamada y querida por el pueblo español: «MA-TO».

Pero si cae rodando por una ladera, me voy a reír, algo que al principio acarreaba berrinches infernales y con el tiempo, a medida que se hace mayor, enfados monumentales (lo que me da más risa).

Bueno, que me enrollo, el caso es que, volviendo a ver (con alguna lagrimilla en los ojos) antiguos posts del blog, me percaté de que H y yo habíamos realizado corretrepas en diferentes zonas de la Pedriza; corriendo y escalando en el Pájaro y recientemente en el Yelmo.

Pero como buenos pedriceros que somos, nos faltaba por realizar otro mítico corretrepa, el que asciende a otra pared fundamental de la Pedriza: La Pared de Santillana.

No hizo falta decírselo dos veces (ha salido a padre) y, aunque al día siguiente me levantara sorprendentemente cansado y magullado, estaba sentenciado: H no olvida ni perdona.

Así que con resignación comenzamos a preparar las cosas para realizar la actividad.

Menos mal que poco a poco la pequeña nube gris que rondaba por mi cabeza al levantarme y mientras desayunaba, se fue disipando.

Previamente habíamos mirado un recorrido algo fuera de lo habitual, y así alejarnos de la multitud de personas que se congregan en ciertos lugares conocidos.



H y el Mogote de los suicidas, esa misma noche el Titánic se hundió. Foto: C. González

Comenzamos la actividad en el Hueco de San Blas, para más tarde ir a buscar el camino que asciende por el sorprendente y espectacular valle que asciende hasta el Collado de la Dehesilla.

H tenía una cuenta pendiente con este lugar, la última vez que bajó por aquí iba modo «Walking Dead», veníamos de realizar el corretrepa del Yelmo y nos quedaba muy poco para llegar hasta el coche (aparcado en la zona conocida como «La Raja»), el cansancio y la pájara pudo con él y esta zona se le hizo especialmente dura.

Así que ni corto ni perezoso me dijo en casa que quería ver de nuevo la zona, con mejores ojos.

Una vez en el collado tomamos rumbo a la zona del Mataelvicial, espectacular formación rocosa la cual bordea el camino por un tortuoso y empinado recorrido.

Curro en el techo de la vía Peñalara, la Pared de Santillana. Foto: H

Cuando lo más duro casi está por terminar, nos metemos en el sorprendente y único corral del Torro, H flipando.

El recorrido se hace en este lugar bastante más ameno (incluso nos encontramos al vecino!), y lo que por un momento pensé que se le estaba atragantando a H, pasó a ser un disfrute y diversión al transitar por alguna de las gateras del camino.

En poco más de 1h 30′ llegamos a pie de vía (el cachorro empieza a galopar), nos vestimos de toreros y comenzamos la escalada.

La escalada como siempre es una pasada, un festival de orejas salpican la pared, y es difícil no disfrutar.

La vía Peñalara 90 m 6a transcurre por un mítico techo que se supera llegando a una gran oreja granítica, es el paso más tonto o selectivo si no se llega a ella.

Tras unos pequeños desajustes, e indecisiones y atascos, H superó el paso y pudimos continuar en ensamble la ruta.

El viento era gélido en la cumbre, así que no pudimos deleitarnos en exceso de las vistas.

H llegando a la parte intermedia de la pared. Foto: C. González

Tras el destrepe por la normal, emprendimos rumbo hacia el cercano Collado de la Ventana.

Desde donde emprendimos un frenético y empinado descenso por el maravilloso bosque de pinos.

En poco tiempo llegamos de nuevo al lugar de inicio.

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