Duatlón Pontón de Oliva – Cárcavas de Patones

Por: Curro González, sobreescalada.com

La actividad comenzó con la sección de bicicleta en el área del Pontón de la Oliva, un paraje sobradamente conocido para mí, pero que de alguna forma me enseñaría algunos resquicios que aún me quedaban por descubrir.

Era uno de esos días primaverales despejados en los que el paisaje se muestra particularmente especial: praderas de un verde intenso y numerosos almendros en flor que adornaban los márgenes de los caminos y laderas. Algo que contrastaba con mis últimas jornadas de actividad, en donde el manto blanco dominaba todo y el intenso frío te castigaba.

La ruta transitaba por pistas y carreteras solitarias hacia Alpedrete de la Sierra, pedaleando entre un desolado paraje, campos pequeños y laderas despejadas desde las que el paisaje se podía observar en toda su extensión.

Desde ese punto, el trayecto siguió hasta la Presa de la Parra, recorriendo segmentos de carretera escasamente asfaltados, algunas pistas serpenteantes entre los pinares tan característicos de la zona y el enmarañado de sendas y caminos que siguen el curso del río Lozoya.

El verde de la primavera predominaba en todo el paraje, el silencio era ensordecedor tras la resaca pasada del fin de semana, y resultaba realmente sencillo dejarse llevar y disfrutar del momento pese a los modestos repechos que el recorrido ofrecía.


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Tras la bicicleta, hice la transición a correr hacia el empinado camino que da acceso a las Cárcavas de Patones.

El terreno aquí es totalmente diferente: crestas angostas, barrancos pequeños y un paisaje erosionado que requiere una carrera cuidadosa.

Desde las partes más elevadas de las cárcavas se aprecian los campos verdes del valle, lo cual contrasta notablemente con el color rojizo terrenal, igualmente una amplia meseta te ofrece unas espectaculares vistas de 360º.

Pero el recorrido corriendo me transportaría hacia otro lugar más salvaje, menos conocido pero igualmente espectacular, las Cárcavas del Cerro Negro.

Es muy divertido correr entre estas formaciones debido a que el terreno se modifica de manera continua, lo que requiere ir ajustando el ritmo, prestar atención y dejarse sorprender por lo encontrado en cada repecho.

En general, fue un día de actividad simple pero muy diverso y gratificante: transité en bicicleta por valles, pueblos y presas; luego corrí a través del paisaje bucólico de las cárcavas, deleitándome con el contraste entre la tierra erosionada y el verde brillante de la estación.

Una actividad muy recomendable para conocer el entorno y el paisaje que rodean al tan conocido y popular Pontón de la Oliva.

DATOS DE LA ACTIVIDAD

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