
Por: Curro González, sobreescalada.com
Son ya demasiados los compañeros y amigos que de alguna manera he perdido, pero especialmente ésta pérdida ha dolido.
Tal vez porque no solo compartí contigo escaladas, frío y silencios en la pared, sino también una forma de vivir en el mundo.
En las montañas, me enseñaste que no todo es alcanzar la cima, sino que es necesario aprender a leer el terreno, a escuchar al cuerpo, a respetar el miedo y a aceptar que darse la vuelta también puede ser una victoria.
Conocí contigo que el alpinismo no es un deporte, sino un comportamiento: honesto, modesto y profundamente humano.
Sin proponértelo, simplemente por ser tú mismo, te convertiste en un mentor.
En las montañas, intercambiamos breves risas, miradas cómplices y esa comunicación silenciosa que solo comprenden aquellos que se atan juntos.
Foto: Primer intento con Ángel a la cara norte del Cervino en invierno, con 19 años. Después de dos vivacs muy duros, «salvamos el pellejo» tras una terrible borrasca que nos dejó viento, frío intenso y nieve.
Tu falta duele hoy, aún en la distancia siempre estabas ahí.
Tu huella no se elimina con la muerte; queda en lo que soy, en la manera en que me enfrento a las dificultades y en como escalo.
Te agradezco que me hayas enseñado a vivir y que me hayas mostrado la esencia del alpinismo, aún sin saberlo.
Abrazo fuerte amigo.
