Packraft en el cauce medio del río Lozoya

Por: Curro González, sobreescalada.com

Muchas veces buscamos aventuras en lejanos y pintorescos lugares pasando por alto las posibilidades que nos ofrece el entorno que nos rodea. Quizá sea más sencillo buscar allá en donde todo es desconocido y cualquier momento vivido nos deja sabor a aventura que devanarse el cerebro para conseguir algo de emoción en los lugares archiconocidos.

El día de hoy ha sido un día de esos, un día de aprovechar la oportunidad en un plan más que pensado (al menos hasta la primavera que viene) en un lugar bastante conocido, el Valle de Lozoya.

Atravesando el sinuoso congosto que forma el río Lozoya

Hace unos días nos acercamos a las laderas del Pico Nevero para escalar y rastrear las posibilidades de nuevos itinerarios. En el retorno a casa, paramos para otear el posible descenso con el packraft del río Lozoya y quedamos atónitos al ver que las aguas del río descendían con cierta fuerza, sin duda gracias a la suelta de agua del embalse de la Pinilla.

A lo anterior se le sumaba un periodo más o menos largo de lluvias que de alguna manera se añadía al aporte extra de la apertura del “grifo”. Pese a todo, el río arrastraba un largo y seco verano que le había mermado hasta casi dejarlo sin corriente y en algunos puntos aún faltaba bastante agua para hacerlo cien por cien navegable.

Mucho de mi tiempo lo dedico al I+D (es lo bueno de no tener televisor en casa) en futuras actividades en las inmediaciones de “mi hasta ahora hogar”. Y esta actividad la tenía apuntada en la libreta de “cosas que hacer por aquí”, así que hoy después de salir de guardia, me fui para allá.

La meteo era espantosa, previsión de fuertes lluvias, nubes y viento. Era perfecto, con este tiempo no podría escalar y total…con el packraft te mojas igual.

Según la normativa, el río Lozoya es navegable 100 metros pasados la presa del embalse de Pinilla hasta 100 metros antes de llegar a la “cola” del embalse de Riosequillo. Vamos, eso si eres un mindundi como yo, si eres una empresa de esas de “Turismo activo” puedes meter los kayak autovaciables que quieras en ambos embalses (previo pago, supongo).

Así que, con el rebufo del agua que salía del “grifo” de la presa del embalse de la Pinilla pegándome en la nuca, me dispuse a embarcar en mi packraft para descender todo el tramo del río Lozoya que pudiera.

Suelta de agua del embalse de la Pinilla
El itinerario con las zonas marcadas de embarque y desembarque

La primera parte del río es sencilla, existen algunas pequeñas zonas que quieren ser rápidos pero al adentrarte en ellos, te quedas varado. Pero poco a poco las aguas se avivan, el cauce se estrecha y ya puedes estar al tanto si no quieres tener problemas, nos acercamos al Puente del Congosto.

Este puente romano es la pancarta de salida hacia la aventura en sí, a partir de este punto los rápidos se suceden en los siguientes 5 km de río y pese a encontrar zonas en donde es necesario remar, la tónica general es de ir mirando más allá de la proa.

Me ha sorprendido muchísimo encontrarme en las mismas entrañas del río Lozoya, si os soy sincero nunca pensé que el río se encajonara tanto y que formara estos pequeños cañones de duro granito. Tampoco pensé en la frondosa y amarillenta vegetación que a fecha de hoy envuelve el cauce, en ocasiones en exceso.

En un punto concreto toca poner pies en tierra para superar la represa de la Horcajada, me fui de allí con la duda de si con suficiente caudal se podría saltar. Y poco a poco, después de unos largos rápidos envueltos en vegetación, las aguas del río nos dejan el el viaducto del Lozoya en cuyo margen derecho nada más pasar por debajo de él, termina mi navegación.

Porteando el packraft
Momentos antes de pasar el viaducto de Lozoya

Este lugar es perfecto, te ofrece un descenso de casi 6 km de río y un escape sencillo para retomar la pista que te deja de nuevo en el punto de inicio. Después de medio secar todo, lo empaqueté y paseé por la agradable y cómoda pista hasta la furgoneta.

Como planes no me faltan, de momento me funciona el I+D, tengo que regresar cuando el caudal del río esté realmente embravecido; no sé aún si a finales del otoño (si es que es lluvioso de verdad) o a mediados de primavera, pero eso ya será otra aventura.

Tramos tranquilos de río Lozoya

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